El cine “repelente” de Jesús Franco

Jesús Franco ejerció de ayudante de Orson Welles en "Campanadas a medianoche"

Jesús Franco era un hombre pegado a una cámara.

A raíz de la muerte de Jesús Franco (Madrid, 12 de mayo de 1930-Málaga 2 de abril de 2013), todas las reseñas han coincidido en subrayar las personalidades múltiples de este director  a contracorriente.

Basta echar un vistazo a la lista de seudónimos que utilizó a lo largo de su carrera y a su producción ingente de películas (llegó a dirigir hasta seis al año), para reconocer que aunque no te encuentres entre sus seguidores, como es mi caso, defendió tenazmente su  libertad creativa contra viento y marea.

En sus películas se mezcla morbo, kitsch, erotismo, terror, homenajes cinéfilos, porno, gore y premeditado mal gusto, pero lo más sorprendente es que mantuvo ese estilo hasta en los momentos más difíciles.

La censura española fue implacable con su obra. Después de varias tentativas de hacer un cine levemente erótico a comienzos de los 60 y tener que sufrir permanentemente las tijeras, el director se volcó en el cine de terror. El propio Jesús Franco recordaba más tarde su conversación con algunos miembros de la Junta de Censura explicándoles por qué se cambiaba de género: “a vosotros [el terror] os parece una gilipollez y os meáis de risa cuando se os habla de castillos misteriosos y gatos negros y ahí si que no os metéis con nada mientras no se vea ni una teta

“Relato truculento y morboso con el que la producción nacional contribuye a fomentar ese tipo de películas repelentes y desagradables”

Pero la cosa no era tan sencilla y la censura en España en esos años tampoco veía con buenos ojos el cine de terror, que consideraban destinado a un público de “la peor calaña“. Basta echar un vistazo a lo que decían los informes de los censores sobre Gritos en la noche, dirigida por Jesús Franco en 1962 y catalogada como una de sus mejores películas.

Uno de ellos escribía: “Calcada de las películas de vampirismo importadas recientemente y por todos conceptos detestable, un verdadero adefesio, pero esta imitación o plagio es mucho más desagradable que los modelos porque recarga los simulacros de muertes, asesinatos y tipos tarados…

Y otro insistía en la misma tesis, “relato truculento y morboso con el que la producción nacional contribuye a fomentar ese tipo de películas repelentes y desagradables -mezcla de vampiros y médicos sádicos que efectúan experimentos a base de asesinatos y monstruosidades- tan del gusto de públicos de excasa formación y peor sensibilidad

Dos versiones del cartel Gritos en la noche, de Jesús Franco

La menor o mayor permisividad también era visible en carteles de películas como Gritos en la noche y su versión francesa, L’Horrible Dr. Orloff

Gritos en la noche se salvó por los pelos y se exhibió en Francia un año después con el título de l’Horrible Dr. Orloff y con el añadido de algunas escenas que no se vieron en la versión española. La Iglesia, a través de la Oficina Católica Francesa recomendó a sus fieles “abstenerse por disciplina cristiana“, pero la película tuvo un gran éxito entre el público galo y consagró al personaje de Orloff como protagonista de otros largometrajes.

Jesús Franco fue el director más prolífico en dobles y triples versiones en la historia del cine español

A partir de ese instante, Jesús Franco debió llegar a la conclusión de tendría más libertad para rodar en el extranjero que en su propio país y empezó una larga serie de coproducciones con Italia, Alemania, Reino Unido, Francia, Estados Unidos… Eso le permitía hacer versiones más atrevidas  para consumo exterior, añadiendo escenas que en España no superarían el puritanismo de la censura.

El director se convirtió en un auténtico maestro en la práctica de las dobles versiones y, de hecho, llegó hacer tres o cuatro diferentes de algunos films.

Carteles de El caso de las dos bellezas, de Jesús Franco

A finales de los 60, la censura todavía supervisaba los escotes, como se puede comprobar en el cartel prohibido (izquierda) y el autorizado de El caso de las dos bellezas, dirigida por Jesús Franco en 1968.

La hipocresía oficial no sólo permitía esa práctica, sino que además la alentaba. A finales de los 60, según cuenta Román Gubern en su libro Un cine para el cadalso, el cine español se promocionaba en el exterior a través de un organismo paraestatal llamado Cinespaña. El presidente no era otro que José María García Escudero, que a lo largo de esa década había sido director general de Cinematografía y había presidido las Juntas de Censura. Pero eso no impidió que en Cinespaña se estimularan las dobles versiones.

En aquellos momentos, el director Eloy de la Iglesia lo expresaba con claridad: “Cinespaña paga mucho más dinero por una película con escenas de señoras desnudas, que si no las hay, y lógicamente se hacen dos versiones, una para España y otra para que la venda Cinespaña

Con ese panorama no es de extrañar que Jesús Franco terminara por buscar un ambiente un poco más respirable para su trabajo y se exiliara en Francia.

Con el paso del tiempo su talento como director, actor, músico y cineasta múltiple seguramente se ha diluido en medio de una producción tan copiosa como desigual, pero al final le llegaron momentos de reconocimiento como el homenaje que le rindieron en la Cinemateca Francesa en 2008 y el Goya de Honor en 2009. Su obra también ha merecido la atención de cineastas como Tarantino y ha protagonizado documentales como el excelente Llámale Jess, de Manel Mayol y Carles Prats, donde se aprecia el incansable afán de libertad de Jesús Franco.

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