Fellini, pecador público

Cuentan las crónicas que el 5 de febrero de 1960, cuando Federico Fellini y Marcello Mastroianni asistían al estreno de La dolce vita en un cine de Milán, estuvieron a punto de ser golpeados por un grupo de espectadores enfurecidos. Se libraron por los pelos, pero uno de los asistentes escupió a Fellini a la cara, mientras a Mastroianni le caían improperios como “cretino”, “calavera” y “comunista”.

La famosa escena del baño de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi

La escena de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi incendió los ánimos de los vigilantes de la moral, antes de convertirse en un icono de la historia del cine

El estreno en Roma había sido dos días antes, pero los espectadores no reaccionaron con tanta violencia, pese a que la película trascurría en su propia ciudad. En cambio, la sociedad milanesa, más elitista y conservadora, pareció sentirse directamente insultada por ese retrato demoledor de la alta burguesía italiana, deudora del fascismo y sumida en una degradación moral que ya empezaba a presagiar la Italia de Berlusconi. Una burguesía convertida además en espectáculo de los paparazzi.

¿Qué es lo que molestaba tanto de La dolce vita?, ¿el explosivo erotismo de Anita Ekberg?, ¿la mirada despiadada de Fellini sobre esos personajes vacíos que parecen deambular sin rumbo?, ¿su visión caricaturesca de la Iglesia? Posiblemente todo esto y algunas cosas más. En definitiva, lo que escocía a determinados círculos es que esa Italia dibujada por Fellini parecía un país enfermo.

L’Osservatore Romano se refería a La dolce vita como “La sconcia vita” (La obscena vida)

Cartel de La dolce vita

La dolce vita estuvo prohibida en España durante más de 20 años, hasta 1981

Lo cierto es la polémica estaba servida y durante las semanas siguientes, La dolce vita se convirtió en un “caso” de interés nacional que se seguía con pasión. Intelectuales como Alberto Moravia, Indro Montanelli o Elio Vittorini calificaron la película como un retrato de la vida italiana y una obra maestra, mientras el diario La Stampa (liberal) pedía mesura y la derecha mediática, desde Il Secolo d’Italia, (fascista) hasta la prensa católica publicaban titulares como “¡Sacrosanta pitada en Milán!”, “¡Vergüenza!”, “¡Ya basta!” y reclamaban que la película fuera retirada y se quemaran los negativos. Algunos miembros de la Democracia Cristiana argumentaban que La dolce vitaarroja una sombra calumniosa sobre el pueblo romano y sobre la dignidad de la capital de Italia y del Catolicismo“.

El Vaticano abrió uno de los frentes más beligerantes. El director de L’Osservatore Romano, Giussepe Della Torre, reconocía no haber visto la película y proclamaba “No necesito ver las porquerías para condenarlas”. Consecuentemente, el diario de la Santa Sede publicó varios artículos incendiarios donde titularon la película “La sconcia vita” (La obscena vida).

Detrás de la furibunda condena de la Iglesia estaba la sombra del Santo Oficio y la presión de la aristocracia con acceso al Vaticano. Pero la dureza de sus posiciones llevó al propio Fellini, según cuenta su biógrafo Tullio Kezich, a pedir audiencia al cardenal Montini (el futuro papa Pablo VI), que le hizo esperar tres horas en su antedespacho para finalmente no recibirle.

Federico Fellini, en pleno rodaje

Federico Fellini, en los años 60

Durante varios meses, la bola de nieve no dejó de crecer. La gente acudía a ver La dolce vita con cierta urgencia ante el temor de que finalmente fuera prohibida. Hubo interpelaciones en el Parlamento, la amenaza de excomunión flotó sobre los católicos que vieran la película y Fellini recibió homenajes y multiplicó su fama, pero también sufrió algunos lamentables episodios callejeros. Él mismo, divertido, contaba uno de esos actos de hostilidad: “Una dama viejecita, vestida de negro, con un pequeño sombrero de paja, encajes y cintas, sale un día de un lujoso Mercedes negro y rechazando la ayuda de su chófer que quiere sostenerla, atraviesa corriendo la plaza de España para colgarse de mi corbata como a la cuerda de una campana espetándome: más valdría que se colgara una pesada piedra del cuello y se tirara a lo más profundo de los mares antes de producir el escándalo entre la gente

La condena al director llegó incluso a las fachadas de las iglesias. Lo pudo constatar él mismo durante una visita a Padua, cuando vio en uno de los templos un gran cartel orlado en negro que decía: “Roguemos por el alma de Federico Fellini, pecador público”.

Dos años después, cuando amainó la tormenta, el propio Fellini haría una divertida sátira sobre un censor obsesionado con Anita Ekberg en el episodio Las tentaciones del Doctor Antonio, de la película colectiva Bocaccio 70. Y también en 1962, otro director italiano, Pietro Germi, rindió un mordaz homenaje a La dolce vita en una de las escenas de su Divorcio a la italiana, protagonizada por el propio Mastroianni. La historia trascurre en una pequeña ciudad de provincias y cuando se estrena la película de Fellini, el párroco local lanza un apocalíptico sermón de condena. El resultado es que los feligreses acudirán atropelladamente al cine llevándose las sillas de casa para asegurarse un sitio ante la pantalla, mientras fantasean con escenas de orgías.

Pietro Germi rindió homenaje a La dolce vita en su Divorcio a la italiana

En Divorcio a la italiana, el sacerdote del pueblo clama contra el estreno de La dolce vita. Acto seguido, sus feligreses llenarán el cine local, llevando sus propias sillas para asegurarse un sitio delante de la pantalla.

En España apenas hubo la posibilidad de fantasear. La presión del Vaticano se hizo notar a través de los sacerdotes que pertenecían a la Junta de Censura y que lograron que la película fuera prohibida. De hecho así se mantuvo durante toda la dictadura y aún después. Se estrenó en las salas comerciales en mayo de 1981, seis años después de la muerte de Franco.

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3 Respuestas a “Fellini, pecador público

  1. Resulta pavorosa la volubilidad de la sociedad, ayer tan escrupulosamente estricta en unos asuntos, y hoy tan olvidada de ellos. Parece poco lo que cuesta ejercer el poder sobre un rebaño tan manso y desmemoriado.

  2. La verdad es que tu comentario me ha dado que pensar.

    Efectivamente tenemos la impresión de que la censura estaba consagrada al erotismo, con una pasión malsana y casi exclusiva. Pero había muchos otros temas que convertían una película en censurable y de los que en general se habla menos.

    Por ejemplo, los censores españoles no permitían el suicidio en las películas, o que se caricaturizara a la Iglesia. La dolce vita tenía ambas cosas (además de Anita Ekberg, que les debió dejar bastante alterados).

    A los italianos lo que más les afectó es que era el retrato de una sociedad en descomposición. Y algunos no querían verlo. Afortunadamente, allí ganaron el pulso los que pensaban que Fellini tenía todo el derecho del mundo a expresar su visión del país. No estoy seguro de que la película haya envejecido bien, pero en su momento provocó una conmoción. Es curioso.

    Saludos

  3. Pensaba que el problema censor había venido por el erotismo de la protagonista (que también) pero veo que lo que realmente pesaba era el retrato de la sociedad italiana y lo mal que quedaban las clases pudientes.

    Un saludo

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