Ni una copa con Leslie Howard

Hay muchos interrogantes sobre el paso de Leslie Howard por Madrid, en plena II Guerra Mundial, y su trágica muerte cuando volvía a Inglaterra y su avión fue abatido por los nazis. Hay quien asegura que el británico, que ya era un actor consagrado y venía como conferenciante, era en realidad un agente de su Majestad y traía el cometido (seguramente ingenuo) de conocer el grado de neutralidad de Franco en la contienda. Otros afirman que Madrid solo era una escala en su verdadero destino, Lisboa, de donde finalmente despegó el vuelo que le condujo a la muerte el 1 de junio de 1943.

Por desgracia, en este artículo no podré desvelar las circunstancias de la desaparición del intérprete de Ashley Wilkes en Lo que el viento se llevó y si murió llevando información sensible. Más bien voy a añadir un poco de misterio al asunto, porque buceando en los Archivos de la Censura encontré el original de un documento que me llamó la atención y quiero compartir con quienes leáis este blog.

Lesile Howard

El actor Leslie Howard pudo venir a España como agente británico

Antes que nada, es preciso situarse un poco en el Madrid de aquellos años. Durante la II Guerra Mundial, la ciudad era un hervidero de espías azuzado por los germanófilos, favorables a que España se alistara en la contienda al lado de Hitler y los anglófilos, partidarios de que mantuviera al menos la neutralidad con las países en conflicto.

Franco fue muy generoso con la presencia nazi en España

Foto Nazis Gran Vía

Difícil olvidar las esvásticas en la Gran Vía madrileña, en 1943, acompañando al coche del nuevo embajador alemán.

Es sabido que la batalla no la ganaron los primeros, pero tampoco los segundos. Con una calculada ambigüedad, Franco no se embarcó abiertamente en la guerra de la mano de Alemania, pero fue muy generoso con la presencia nazi en España. Es imposible olvidar la fotografía de las esvásticas en la Gran Vía, saludando la llegada del embajador Von Moltke a comienzos de 1943. Pocos meses después, el embajador moría y de nuevo las cruces gamadas acompañaron su séquito hasta el aeropuerto, según recogía el “informativo” de NoDo.

A la vista de gestos, los aliados tenían motivos para estar preocupados por la complicidad de Franco con Hitler. Así que es verosímil que, poco después de los desfiles de las esvásticas, enviaran a alguien con el prestigio de Leslie Howard para sumar gente a su causa.

Siguiendo este guión, el actor dio varias charlas en el British Council ante la abierta hostilidad de los falangistas, y también asistió a algunos actos oficiales. De uno de ellos es precisamente la foto que protagoniza este blog.

El reverso de la foto decía: “Borrar todas las copas”

En ella vemos al protagonista de Pimpinela escarlata y El bosque petrificado charlando amigablemente con dos contertulios. Uno de ellos es el director de NoDo, Joaquín Soriano, que mira hacia la cámara como si hubiera sido pillado in fraganti por un fotógrafo entrometido. Al fondo aparece un camarero y Tanto Soriano como el otro hombre (que no he podido identificar), tienen sendas copas en la mano, mientras Leslie Howard se enciende un puro en actitud relajada.

El actor Leslie Howard y el director de NoDo, Joaquín Soriano

En la parte superior vemos el original de la fotografía y su reverso. En la parte inferior, se ve cómo los retocadores de Primer Plano hicieron lo que pudieron para eliminar las copas de la escena.

La sorpresa llega al darle la vuelta a la foto, donde aparece una instrucción muy clara, escrita a mano y subrayada con lápiz rojo: “Borrar todas las copas”.

La foto se publicó el 13 de junio en Primer Plano, una revista falangista de cine, y el reportaje gráfico era una especie de homenaje al actor recién fallecido. Y efectivamente los retocadores hicieron el trabajo, un poco chapucero, de intentar borrar las copas de la escena. El pie de foto, además, era bastante anodino: “Con el director de NoDo, camarada Joaquín Soriano, el fallecido actor inglés sostuvo una interesante conversación sobre distintos puntos cinematográficos”. Que nadie piense en otros temas de conversación.

Las preguntas inevitables son: ¿por qué molestaban las copas?, ¿quizás era un gesto demasiado amable con el “enemigo”?, ¿con alguien que acababa de ser abatido por los aviones del Reich?, ¿había que evitar roces con los aliados de Berlín y alguna protesta de la embajada alemana?

Ahí quedan las dudas, pero insisto en que la anécdota puede ser vista como algo sin importancia, o como una prueba sutil de que la neutralidad franquista solo era la cara visible de una foto cuyo reverso tenía lecturas mucho más inquietantes.

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