El esqueleto de Leviatán

Con varios meses de retraso y una severa “corrección de estilo”, los rusos podrán ver por fin Leviatán, la película de su compatriota Andreï Zviaguintsev que ha levantado las iras del viejo aparato del Kremlin.

El autor de El regreso (2003) y Elena (2012), ha rodado esta vez la historia de un hombre común que se enfrenta a los poderes locales para evitar que le echen de su casa. Una parábola aplicable en todo el mundo (en la España de los desahucios, sin ir más lejos) y que en Rusia ha sido interpretada como una ácida radiografía de la “era Putin”.

Cartel de Leviatán

El esqueleto de la ballena asoma como una metáfora recurrente en Leviatán.

Leivatán tiene ya un prestigioso recorrido internacional desde mayo de 2014, cuando se presentó en el Festival de Cannes y consiguió el premio al mejor guión. Luego vendría el Globo de Oro al mejor film de lengua no inglesa y la nominación a la próxima edición de los Óscar como mejor película extranjera.

En Rusia, Leviatán es acusada de “antipatriótica”

Este palmarés seguramente ha ayudado a que la película llegue masivamente a las pantallas rusas y además con una gran expectación, pese a que las máximas autoridades políticas y religiosas del país se han puesto de acuerdo en su abierta hostilidad a la historia narrada por Zviaguintsev, tildándola de “oportunista” y “antipatriótica” y obligando a suprimir las expresiones malsonantes con las que se desahogan sus protagonistas.

Aparentemente, la historia de Leviatán no puede ser más universal. Trata de un hombre, Kolia (Alexei Serebriakov), que vive con su nueva mujer y un hijo de su pareja anterior en una pequeña población al borde del mar de Barents, en el gélido norte del país. Además de los inevitables conflictos familiares, Kolia se enfrenta a una situación extrema: el alcalde, un tipo corrupto y peligroso, quiere derribar su casa y su taller para hacer una obra de dudosa utilidad pública.

Escena de Leviatán

El protagonista, Kolia, paga un alto precio por enfrentarse a los poderes locales

A partir de ese momento, el protagonista se verá enfrentado al alcalde, a los jueces, a la policía y al representante local de la iglesia ortodoxa, convertidos en piezas clave de ese Leviatán al que hace referencia el título y que representa el poder absoluto del Estado.

Zvyagintsev , en pleno rodaje

Con su película, el director ruso Zvyagintsev se ha ganado tantos defensores como detractores entre sus compatriotas

Para quitarle hierro al asunto, el propio Zviaguintsev se ha apresurado a decir que se inspiró en un caso que sucedió en Colorado (EEUU), en el 2004, cuando un granjero estaba a punto de perder su casa y utilizó un bulldozer para destruir el ayuntamiento.

Pero eso no ha impedido que algunos políticos la interpretaran en clave local y pidieran la prohibición de la película en Rusia.  Ni que los representantes de la Iglesia Ortodoxa calificaran Leviatán de “maléfica” y “anticristiana”.

El ministro de Cultura ha lamentado las ayudas oficiales a un film que “ataca al Estado”

Por su parte, el ministro de Cultura ruso, Vladimir Medinsky, ha lanzado duros ataques contra Zviaguintsev, acusándole de explotar los tópicos anti-rusos para obtener éxito en Occidente y reprochando al director que “no le gustan los rusos, pero ama la fama, las alfombras rojas y las estatuillas”, en clara alusión a los merecidos premios que ha cosechado a su paso por los festivales.

Vladimir Medinsky

El ministro de Cultura, Vladimir Medinsky, responsable de una ley que ha permitido censurar Leviatán

Medinsky ha asegurado que “no había encontrado ni un solo personaje positivo” en el film y ha lamentado las ayudas oficiales destinadas a la producción de la película, a la que considera un ataque al Estado.

El Estado al que se refiere Medinsky, quizás ya solo sea el esqueleto del viejo Leviatán soviético, que Zviaguintsev ha simbolizado como una gigantesca osamenta de ballena sobre una playa. Pero los huesos parece que todavía son bastante sólidos.

De momento y gracias a una ley creada recientemente por el propio ministro de Cultura, los rusos, cuando vean Leviatán tendrán una versión “limpia” de improperios y en los momentos críticos, a los protagonistas solo se les verá mover los labios en una especie de protesta muda.

 

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2 Respuestas a “El esqueleto de Leviatán

  1. Los rusos comparten con el resto del mundo la fractura abierta entre gobernantes y gobernados. Antes de que Leviatán se estrenara en las salas de cine de Rusia, más de tres millones de personas ya la habían visto en internet.

    Las prohibiciones se muestran cada vez más como un acto arbitrario y un abuso de poder, sea cual sea el régimen.

    Besos también.

  2. Pues sí, curioso, como la vida misma en cualquier lugar….

    Vaya salto a atrás en la evolución social, parece mentira. No tanto por los rusos que andan en salir de lo suyo, si no por el retroceso de todos los demás

    besos

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