Besos y vetos

Acabo de ver de nuevo Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988) y me vuelve a sorprender lo familiar que resulta esa historia que arranca en los años 40 y gira en torno a una sala de cine de una pequeña localidad de la Italia meridional. Se podía haber ambientado perfectamente en la dura España de la posguerra, en cualquiera de esos cines de pueblo, que eran nuestros propios “cinemas Paradiso” y que muy de vez en cuando tienen mínimos conatos de recuperación.

En lo referente a la censura, choca esa similitud entre la Italia que derrotó al fascismo y la España del fascismo triunfante. Hasta que reparas que, en ambos casos, una institución tan poco democrática como la Iglesia Católica era la que decidía lo que se podía o no se podía ver en la pantalla. Sobre besos, abrazos y cualquier conato de pasión, la Iglesia ejercía el control absoluto de las tijeras. Daba igual que fuera en un pueblo de Sicilia o de Castilla.

 

Escena de Cinema Paradiso

En Cinema Paradiso, el pequeño Totò tiene el privilegio de ver los besos vetados por el párroco local.

En Cinema Paradiso, el párroco hace repicar su campanilla cada vez que prohíbe un beso

Para quienes no recordéis Cinema Paradiso con detalle, hay unas primeras escenas en las que el párroco local de Giancaldo, el pueblo imaginado por Tornatore, asiste al pase privado de un próximo estreno. Se trata de Los bajos fondos, de Jean Renoir, y cada vez que su protagonista, Jean Gabin, le planta un beso en la boca a una de sus acompañantes, el cura levanta airado la campanilla de misa y la hace repicar con brío. Es la señal inequívoca para que el operador, un resignado Philippe Noiret, sepa que tendrá que cortar esa escena y enfrentarse al enfado de los espectadores. Uno de ellos llegará a decir: “¡Veinte años viniendo al cine y nunca he visto un beso!”.

El pequeño Totò (Salvatore Cascio), el niño que protagoniza buena parte de Cinema Paradiso, y que acompaña al operador como un pícaro aprendiz, asiste divertido a esos momentos sin saber que, muchos años más tarde y en una de las secuencias más conmovedoras de la película, recibirá un legado de su maestro. Un rollo con el montaje de todos lo besos que habían sido prohibidos por la estricta intervención del párroco. Besos robados en aquellos años de penuria y estrechez que también nos resultan tan familiares.

Los censores religiosos españoles prohibieron todos aquellos besos que llamaban “de tornillo”, “de boca abierta”, “mordidos”, “con lengüeteo”…

En España conocemos de sobra la virulencia de la Iglesia en el terreno específico del sexo, sobre el que alcanzó una autoridad incontestable y sorprendente (que aun se empeña en mantener). Pero fue el Estado franquista el que le otorgó la capacidad de imponer esa autoridad en las Comisiones de Censura, donde la presencia de sacerdotes católicos fue continua, muy activa y totalmente arbitaria.

Censores religiosos en España

Peyró, Mauricio de Begoña, Staehlin y César Vaca, algunos de los censores religiosos que vigilaron los excesos en las pantallas españolas

Los informes de los censores están salpicados una y otra vez de las firmas de Peyró, Staehlin, César Vaca, Juan Fernández, Mauricio de Begoña, Antonio Garau, Constancio de Aldeaseca y muchos otros religiosos cuyos conocimientos en cinematografía eran completamente irrelevantes. Su función era conseguir, entre otras cosas, que se prohibieran esos besos que por su intensidad y duración convertían una escena amorosa en un arrebato diabólico.

La lectura de los informes que llevan sus firmas ofrece un inventario de los términos usados para calificar esos momentos: besos exagerados, besazos, besos con lengüeteo, besos de boca abierta, besos mordidos, besos de tornillo… Naturalmente, todos debían ser suprimidos.

Un censor religioso vetó la memorable escena del beso final en Duelo al sol 

Además, la Iglesia Católica tuvo un privilegio especial en las Comisiones de Censura, el derecho de veto, que hizo posible que determinadas escenas fueran suprimidas con el voto exclusivo de un censor religioso.

Escena final de Duelo al Sol

En España, el beso agónico de Duelo al sol fue prohibido durante muchos años por el veto del censor religioso.

Lo ejercieron muy a menudo. Por ejemplo en Duelo al Sol, el monumental western de King Vidor, realizado en 1946 y que llegó a España en 1953. Uno de los censores religiosos más beligerantes del momento, el sacerdote Juan Fernández, impuso su derecho de veto para reclamar un cambio en la escena final entre Perla (Jennifer Jones) y Lewt (Gregory Peck).

En la versión original, una malherida Perla se acerca a su amante, ya moribundo, y ambos agonizan con un largo beso en la boca. El sacerdote no podía aceptar tanta pasión, así que exigió que se suprimieran “los besos entre Perla y Lewt cuando ambos están muriendo, de forma que cuando ella llega a tocarle la cara, él ya estará muerto”.

El sacerdote acababa de malograr uno de los finales más memorables y románticos de la historia del cine, pero sus cortes se mantuvieron durante muchos años. Para colmo, las autoridades pusieron el máximo cuidado en que “no se notaran”, con el argumento de que “había que evitar aseveraciones insidiosas de dentro y de fuera que suelen tratar la Censura del cine español de ñoña y pacata”. ¿Por qué sería?

 

 

 

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