El último verano que fuimos caníbales

Hubo un tiempo en que los españoles fuimos caníbales. Y no hablo de la prehistoria. Hace poco más de cincuenta años todavía quedaban tribus que practicaban la antropofagia. En la Costa Brava, por ejemplo. Al menos así se desprende de uno de los expedientes de censura más delirantes que han pasado por mis manos, el de Suddenly, Last Summer (De repente, el último verano. 1959).

Escena de Suddenly, Last Summer

El momento crucial de la película, la muerte de Sebastian en manos de los “caníbales”

La película de Joseph L. Mankiewicz se rodó en varios escenarios de la Costa Brava–en especial Begur– y narra la experiencia traumática de una joven (Elizabeth Taylor), que ha visto morir de una forma terrible a su amigo Sebastian mientras compartían sus vacaciones en un pueblo costero, que en la ficción cinematográfica se llama Cabeza de Lobo.

Con ayuda de un psiquiatra, interpretado por Montgomery Clift, se irán desvelando las claves de la muerte violenta de Sebastian, cuya dominante madre (Katharine Hepburn) hará lo posible por silenciar.

Tras un primer visionado, la película fue prohibida por “homosexualismo”

En España, cuando la comisión de censura vio la película, en 1962, corrían vientos de aperturismo entre las autoridades culturales (Fraga a la cabeza, con eso queda todo dicho), pero el guión de Tennessee Williams prometía serios retortijones a los censores y desde luego no se vieron defraudados.

La evidente homosexualidad de Sebastian y la tortuosa relación con su madre eran demasiado para el espíritu censor, que prohibió la película de manera unánime y con informes demoledores. Unos fueron muy escuetos: “El tema –homosexualismo– es inaceptable y no admite adaptación”, y otros más detallados: “Película toda ella de tipos anormales, que se desarrolla en un clima morboso hasta en los más mínimos detalles –la decoración– y que nos presenta unos personajes dominados, en virtud de esta anormalidad, del homosexualismo, el complejo de Edipo, etc. La considero irrepresentable para representaciones comerciales, sin posibilidad de arreglo”.

Carteles promocionales de Suddenly, Last Summer

Dos carteles de Suddenly, Last Summer, el estadounidense y el francés. Obsérvese el escaso protagonismo que se da a los caníbales.

La distribuidora recurrió la prohibición y de nuevo la censura, en pleno, rechazó la cinta, redoblando los adjetivos: “Una vez más Tennessee Williams nos obsequia con su temática morbosa, con ese inframundo en el que se desenvuelven tantos y tantos seres degenerados, anormales y desequilibrados. La tesis que plantea y clima en que se desarrolla la hacen totalmente inaceptable”.

En 1966, los censores clamaron contra la presentación de un caso de canibalismo en España 

Todavía faltaba una vuelta de tuerca en el historial de la película. Llegó en 1966, cuando se replanteó la posibilidad de proyectar De repente, el último verano en las salas españolas. Para entonces, ya había trascendido que el pueblo elegido para el rodaje había sido Begur (Girona), en plena Costa Brava, y que por lo tanto los “jóvenes caníbales” que acababan con la vida de Sebastian eran paisanos nuestros.

El canibalismo era una evidente licencia simbólica del autor y además, en ningún momento se dice que la película transcurra en España, pero eso no bastó a los censores, que arreciaron sus ataques y la catalogaron como una “ofensa a la dignidad nacional”. Uno de ellos clamaba: “La presentación de un supuesto caso de canibalismo en España es absolutamente intolerable”.

La acusación de “indignidad” persiguió a la película durante varios años. En 1969 todavía estaba muy viva y justificó nuevamente su prohibición, con informes de esta naturaleza: “Pese a la turbiedad de la trama –desviaciones sexuales: sugerencias incestuosas y homosexualismo– esta película podría autorizarse para un público adulto; pero lo que es totalmente inadmisible es la localización española, y más concretamente, catalana, de la parte final de este filme donde el autor desarrolla la secuencia de canibalismo por parte de unos pilletes, de una chiquillería depauperada y miserable, y que, como es natural, es intolerable”.

Ruinas del castillo de Begur

Las ruinas del castillo de Begur (Girona) fueron el escenario del momento más dramático de la película.

El impacto de esta decisión sobre el propio Tennessee Williams fue visible y el escritor hizo llegar una carta a la prensa española donde manifestaba su disgusto por el malentendido y explicaba el carácter alegórico de la escena: “Los golfillos hambrientos, los pilletes desesperadamente hambrientos, son todos los jóvenes del mundo, tan gastados y agraviados”.

La carta terminaba prometiendo una reparación al “agravio” cometido: “He prometido a mi anciana madre, de setenta y ocho años, un viaje a Madrid, y yo espero que ustedes no nos rechacen y si nos reciben confío que me permitirán esclarecer cuanto aún permanezca oscuro para ustedes en «Suddenly, last summer» y en el conjunto de toda mi obra”.

No hay noticias de que el escritor sufriera ningún percance en su visita, aunque seguramente nunca se recuperó del todo de las dentelladas de nuestros censores.

 

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