El trasero de Cupido

En 1922, cuando Ernst Lubitsch emigró a Estados Unidos, el genial director de El bazar de las sorpresas, Ninotchka o To be or not to be, seguramente acariciaba el sueño de todo recién llegado a Hollywood: contar con el apoyo de una industria cinematográfica fuerte y desarrollar con total libertad su estilo inconfundible. Lo que hoy se conoce como el “toque Lubitsch”.

El “toque” incluía unos diálogos rápidos y afilados, situaciones cargadas de dobles sentidos y buenas dosis de un erotismo que llegaba y se desvanecía con la misma naturalidad que el flujo de las mareas.

Escena de La viuda alegre

Maurice Chevalier, en el papel de amante insaciable en La viuda alegre

 El erotismo sutil no libró a Lubitsch de la censura

Lubitsch era un maestro en el arte de la ambigüedad y construyó numerosas tramas basadas en el engaño amoroso y una sexualidad que nunca se mostraba abiertamente, pero siempre estaba presente de una forma elegante y sutil.

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