Mustang, un retrato de la mujer en la Turquía rural

Actualmente Turquía sufre un grave déficit democrático. Me duele mucho contemplarlo. La gente tiene miedo de expresar sus opiniones en público. Los derechos y los logros sociales son vulnerados, especialmente para las mujeres”.

Quien se expresa con esta contundencia es Deniz Gamze Ergüven, directora de Mustang, que llega a nuestras pantallas mientras la Unión Europea hace su pacto vergonzante con Turquía y mientras el gobierno de Erdogan lanza una violenta ofensiva contra la libertad de expresión y contra los medios que considera hostiles (incluyendo las redes sociales).

Fotograma de Mustang.

Mustang es un retrato de la situación de la mujer en la Turquía rural

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Gaffitis y latigazos

A lo largo de este mes de noviembre un tribunal iraní decidirá si mantiene o conmuta la pena de seis años de cárcel y 223 latigazos para el director Keywan Karimi por su documental Writing on the City (Escribiendo en la ciudad).

La osadía de este director de treinta años ha sido filmar los testimonios que los iraníes fueron dejando sobre los muros de Teherán entre 1979, cuando se produjo la caída del Sha y la Revolución Islámica, y 2009, cuando el país se vio sacudido por una corriente reformista que cuestionaba la hegemonía conservadora de los ayatolás y la reelección de Mahmoud Ahmadinejad.

Karimi, pendiente de juicio en Irán

El director iraní Keywan Karimi

No comprendo lo que me sucede”– ha declarado el cineasta– “De momento soy libre. Puede que mañana me arresten o que el gobierno se replantee mi condena si hay una movilización internacional. Estoy preparado para todo”.

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El balón invisible

Escena de TimbuktuEn la pugna entre el cine y la censura, el primero siempre se lleva la peor parte. Pero también hay momentos en los que la pantalla ha servido para ridiculizar los mecanismos censores. Alguna vez habrá que escribir la historia de ese cine comprometido que ha señalado la sinrazón de la censura en diferentes culturas y momentos de nuestra historia. Lo digo a propósito de Timbuktu (Abderrahmane Sissako, 2014), que cuenta la ocupación de esa legendaria ciudad de Mali por parte de los yihadistas y la aplicación de la ley islámica en su versión más fanática. Si queréis más información sobre ese episodio, de 2012, hay un excelente artículo de Fernando Reinares.

La prohibición de escuchar música, fumar o jugar al fútbol, da origen a muchos momentos absurdos, surrealistas o dramáticos en esta película franco-mauritana. Y también a una de sus escenas más conmovedoras, para mi gusto. Después de que les requisen el balón, un grupo de futbolistas se lanzan a un campo polvoriento y comienzan a jugar su partido con una pelota inexistente. Mientras, dos guardianes de la moral vigilan la situación desde una moto, seguramente desconcertados y sin tener muy claro si ese juego con un balón invisible se atiene a las normas o sigue siendo un desafío a la ortodoxia fundamentalista.

 

 

Charlie Hebdo y el cerdito de Disney

El 2 de noviembre de 2004 el cineasta holandés Theo Van Gogh moría abatido a tiros por un integrista musulmán de origen marroquí. Su “pecado” había sido rodar un documental, titulado Submission (Sumisión) dedicado al papel que los fundamentalistas atribuyen a la mujer. El trabajo de Van Gogh, que apenas dura 10 minutos, es un monólogo escrito por la somalí Ayaan Hirsi Ali. Ambos fueron amenazados de muerte, pero Van Gogh renunció a la protección policial y pagó con su vida la ofensa al islamismo radical.

Diez años más tarde, la brutal sacudida que ha provocado la matanza en Charlie Hebdo vuelve a poner en primer plano (y de qué manera) el viejo conflicto entre fundamentalismo y libertad de expresión. Cierto que suele ser un combate tan desproporcionado como el que ha enfrentado los kalashnikov de unos yihadistas con los lápices de unos dibujantes satíricos.

Theo Van Gogh

El rodaje de Sumisión en 2004 le costó la vida a Theo Van Gogh

Vaya por delante que ese conflicto no se limita al integrismo musulmán. Muchas religiones lo han llevado al límite y algunos sistemas políticos han oficializado el terror para acabar con cualquier voz discordante. Y a menudo ha sido la alianza entre la religión y la política la que ha tenido consecuencias más duraderas y devastadoras. Sigue leyendo