Besos y vetos

Acabo de ver de nuevo Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988) y me vuelve a sorprender lo familiar que resulta esa historia que arranca en los años 40 y gira en torno a una sala de cine de una pequeña localidad de la Italia meridional. Se podía haber ambientado perfectamente en la dura España de la posguerra, en cualquiera de esos cines de pueblo, que eran nuestros propios “cinemas Paradiso” y que muy de vez en cuando tienen mínimos conatos de recuperación.

En lo referente a la censura, choca esa similitud entre la Italia que derrotó al fascismo y la España del fascismo triunfante. Hasta que reparas que, en ambos casos, una institución tan poco democrática como la Iglesia Católica era la que decidía lo que se podía o no se podía ver en la pantalla. Sobre besos, abrazos y cualquier conato de pasión, la Iglesia ejercía el control absoluto de las tijeras. Daba igual que fuera en un pueblo de Sicilia o de Castilla.

 

Escena de Cinema Paradiso

En Cinema Paradiso, el pequeño Totò tiene el privilegio de ver los besos vetados por el párroco local.

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El primer beso y el primer escándalo

La primera vez que ví el corto The May Irwin Kiss (El beso de May Irwin), rodado en 1896, no podía creer que algo así hubiera escandalizado a nadie. Pero esta escena de 20 segundos en la que un hombre y una mujer maduritos terminan dándose un beso bastante remilgado, provocó una verdadera conmoción en la moral victoriana de la época. Y también tuvo mucho éxito.

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