Besos y vetos

Acabo de ver de nuevo Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988) y me vuelve a sorprender lo familiar que resulta esa historia que arranca en los años 40 y gira en torno a una sala de cine de una pequeña localidad de la Italia meridional. Se podía haber ambientado perfectamente en la dura España de la posguerra, en cualquiera de esos cines de pueblo, que eran nuestros propios “cinemas Paradiso” y que muy de vez en cuando tienen mínimos conatos de recuperación.

En lo referente a la censura, choca esa similitud entre la Italia que derrotó al fascismo y la España del fascismo triunfante. Hasta que reparas que, en ambos casos, una institución tan poco democrática como la Iglesia Católica era la que decidía lo que se podía o no se podía ver en la pantalla. Sobre besos, abrazos y cualquier conato de pasión, la Iglesia ejercía el control absoluto de las tijeras. Daba igual que fuera en un pueblo de Sicilia o de Castilla.

 

Escena de Cinema Paradiso

En Cinema Paradiso, el pequeño Totò tiene el privilegio de ver los besos vetados por el párroco local.

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Fellini, pecador público

Cuentan las crónicas que el 5 de febrero de 1960, cuando Federico Fellini y Marcello Mastroianni asistían al estreno de La dolce vita en un cine de Milán, estuvieron a punto de ser golpeados por un grupo de espectadores enfurecidos. Se libraron por los pelos, pero uno de los asistentes escupió a Fellini a la cara, mientras a Mastroianni le caían improperios como “cretino”, “calavera” y “comunista”.

La famosa escena del baño de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi

La escena de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi incendió los ánimos de los vigilantes de la moral, antes de convertirse en un icono de la historia del cine

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