Los juegos del hambre (y los juegos del hombre)

Todos los fundamentalismos religiosos tienen una fijación común: el sexo. Y más en particular el femenino. Creo que el porqué no es ningún misterio. En los cimientos del estrecho mundo ultraconservador, el sexo asoma como una asequible vía de escape a la libertad. Y ya se sabe que la libertad es lo contrario al pensamiento único, reglado y monolítico. Así que para los ortodoxos de cualquier credo y pelaje, el sexo invoca peligrosas fuerzas, desata fantasías apocalípticas y amenaza con la pérdida del control. Y la mujer es la principal instigadora de esa amenaza.

Este preámbulo viene a cuento por la noticia de la extraña mutación que ha sufrido el cartel de Los juegos del hambre 4 en algunas ciudades sometidas al gobierno israelí. En varios lugares del país, el cartel original sólo ha conservado el fondo del pájaro en llamas porque los distribuidores del film en Israel decidieron eliminar a Jennifer Lawrence para no molestar a la comunidad judía ultraortodoxa.

Jennifer Lawrence desaparece del cartel. de Juegos del hambre.

El cartel de Los juegos del hambre 4, y su versión difundida en algunas localidades de Israel.

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Gaffitis y latigazos

A lo largo de este mes de noviembre un tribunal iraní decidirá si mantiene o conmuta la pena de seis años de cárcel y 223 latigazos para el director Keywan Karimi por su documental Writing on the City (Escribiendo en la ciudad).

La osadía de este director de treinta años ha sido filmar los testimonios que los iraníes fueron dejando sobre los muros de Teherán entre 1979, cuando se produjo la caída del Sha y la Revolución Islámica, y 2009, cuando el país se vio sacudido por una corriente reformista que cuestionaba la hegemonía conservadora de los ayatolás y la reelección de Mahmoud Ahmadinejad.

Karimi, pendiente de juicio en Irán

El director iraní Keywan Karimi

No comprendo lo que me sucede”– ha declarado el cineasta– “De momento soy libre. Puede que mañana me arresten o que el gobierno se replantee mi condena si hay una movilización internacional. Estoy preparado para todo”.

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Lo que se ve en “B”

Tiene motivos David Ilundain (Pamplona, 1975) para sospechar que alguien está jugando sucio con su recién estrenada “B”, la película sobre las declaraciones del extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, ante el juez Ruz. Tal como se las gasta el partido del gobierno, con la cultura en general y con la libertad de expresión en particular, no es de extrañar que la película esté sufriendo más contratiempos de los habituales.

Para empezar, según me ha comentado el propio Ilundain, “es ilustrador que ninguna televisión, ni ninguna ayuda pública haya entrado en este proyecto (…) hay que aceptar que te digan NO, pero resulta chocante que “desde arriba” te digan NO y que “desde abajo” la peli genere tanta expectación”.

Imagen promocional de "B"

La película “B” surge de una obra de teatro sobre el cara a cara entre Luis Bárcenas y el juez Ruz.

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Usted tiene derecho a no guardar silencio

Un amigo me manda el enlace del Museo Virtual de la Censura, creado por la fundación libanesa March (nada que ver con la fundación española del mismo nombre) para denunciar las limitaciones a la libertad de expresión en este país. Con el lema You have the right not to remain silent (Usted tiene derecho a no guardar silencio), la fundación, encabezada por la activista Lea Baroudi, ha decidido plantar cara a las decisiones de los organismos censores, que se aplican con tesón y arbitrariedad, desde 1921, a todo lo que se lee, oye y ve en el Líbano.

Una iniciativa de la fundación libanesa March

El Museo Virtual de la Censura refleja los problemas de la libertad de expresión en el Líbano.

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El último verano que fuimos caníbales

Hubo un tiempo en que los españoles fuimos caníbales. Y no hablo de la prehistoria. Hace poco más de cincuenta años todavía quedaban tribus que practicaban la antropofagia. En la Costa Brava, por ejemplo. Al menos así se desprende de uno de los expedientes de censura más delirantes que han pasado por mis manos, el de Suddenly, Last Summer (De repente, el último verano. 1959).

Escena de Suddenly, Last Summer

El momento crucial de la película, la muerte de Sebastian en manos de los “caníbales”

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El balón invisible

Escena de TimbuktuEn la pugna entre el cine y la censura, el primero siempre se lleva la peor parte. Pero también hay momentos en los que la pantalla ha servido para ridiculizar los mecanismos censores. Alguna vez habrá que escribir la historia de ese cine comprometido que ha señalado la sinrazón de la censura en diferentes culturas y momentos de nuestra historia. Lo digo a propósito de Timbuktu (Abderrahmane Sissako, 2014), que cuenta la ocupación de esa legendaria ciudad de Mali por parte de los yihadistas y la aplicación de la ley islámica en su versión más fanática. Si queréis más información sobre ese episodio, de 2012, hay un excelente artículo de Fernando Reinares.

La prohibición de escuchar música, fumar o jugar al fútbol, da origen a muchos momentos absurdos, surrealistas o dramáticos en esta película franco-mauritana. Y también a una de sus escenas más conmovedoras, para mi gusto. Después de que les requisen el balón, un grupo de futbolistas se lanzan a un campo polvoriento y comienzan a jugar su partido con una pelota inexistente. Mientras, dos guardianes de la moral vigilan la situación desde una moto, seguramente desconcertados y sin tener muy claro si ese juego con un balón invisible se atiene a las normas o sigue siendo un desafío a la ortodoxia fundamentalista.

 

 

Un animatógrafo en el rincón

Animatógrafo del Rossio

El Animatógrafo de Lisboa sobrevive como local de cine porno

Hoy la cosa va más de cine que de censura. O mejor dicho, de evocación de los viejos cinematógrafos, algunos de ellos auténticas reliquias del pasado.

Recientemente he estado en Lisboa y me ha sorprendido la escasa consideración que tiene uno de los cines más antiguos de Europa, el Animatógrafo del Rossio, abierto desde 1907.

A comienzos del siglo pasado, el animatógrafo rivalizó con el kinetoscopio y el cinematógrafo, así que este edificio forma parte de los primeros pasos de la historia del cine.

La desaparición de muchas antiguas salas de proyección en todo el mundo, engullidas por la especulación y la desidia, hace doblemente valioso este bonito local, escondido en el número 225 de la pequeña calle Sapateiros, que comunica con la bulliciosa plaza del Rossio por el Arco da Bandeira.

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